viernes, 14 de noviembre de 2014

Estoy en nada.

Hace rato pasé por una momentánea depresión. Ya no me choca tanto como antes, pero igual siento necesario hablar de esto; aunque nadie lea este blog o la mayoría piense en el estereotipado "Quiere llamar la atención". Mi intención de antemano no es agradarles, allá tú si te caigo espesa.
Este es un espacio donde tengo total libertad de hablar de lo que sea, despotricar contra quien sea; incluso postular una nueva ley física si se me da la gana.
Ya que di mi disclaimer, prosigo.
No es que se dé por un motivo específico, simplemente viene y va. Te pones medio dubitativo con respecto a tu existencia y te cuestionas un bueno. Si estás haciendo las cosas bien, si esto era lo que tu querías, si escogiste bien a tus amigos, etc.
En mi caso, mi cabeza se llena de varias cosas, luego empiezo a checar perfiles en fb de una que otra persona, y finalmente empiezan los sentimientos encontrados.
Siendo la persona que soy, me es muy fácil recordar muchas cosas malas, negativas; cosa que la mayoría de personas no suele recordar. Generalmente se mantienen los recuerdos buenos, pero yo soy como un cero a la izquierda en eso.
Empiezo a pensar en, no sé, mi vida a comparación de los demás. Tal vez eso. Después en cómo han ido cambiando las personas, las conociste así, y ahora son asá.
Y de repente, me siento sola. Sola. Más allá de hablar de la soledad física por el hecho de estar como la única alma en el segundo piso de mi casa, esto tiene que ver más con la soledad emocional. Entonces necesito desesperadamente la compañía de tal persona con la que sé que ya no se maneja la misma confianza o de que muy al fondo sé, que solo me han hecho daño. Un chingo de daño.
¿Por qué a él/ella lo quieren y a mi no?
¿Me odian?
¿Merezco soportar eso?
¿Por qué debemos pasar por esto en silencio? ¿Acaso alguien no me quiere escuchar?
¿Acaso... no importo?
Y el listado de preguntas va creciendo y creciendo conforme la inseguridad va consumiendo mi juicio.
Aquí viene la siguiente fase: Los odio a todos.
Todos y cada uno de ustedes, malditos. (Oh cuanta polémica)
Jamás se preocuparon por mi, dejaron que me hunda, les llega al pincho si me arrolla una combi. Igual les da, sarta de falsos. Ojalá nunca me hubiera cruzado con ustedes.
Después de eso, mi imaginación, tan prolifera como siempre, empieza a proyectarme en ciertas situaciones. Y para nada agradables.
¿Alguna vez han imaginado su propia muerte? ¿Han visualizado su funeral? ¿Se la han pasado imaginando las expresiones de todos aquellos que se consideraron cercanos a ti, cuando se enteraron de tu muerte?
¿O se los imaginaron afuera de la sala de emergencia, mientras los médicos intentaban reanimar tu corazón inútilmente?
Yo sí.
Tiendo a hacerlo cuando estoy emocional, o simplemente aburrida. Lo malo es que cada vez que hago eso, alguna que otra lágrima quiere escaparse. Que fregado.
No es algún tipo de escape emocional, ya que de ser así sería muy retorcido; lo hago porque sí y ya.
¿Ustedes creen que si eso me brindara placer, lloraría al imaginar sus rostros llenos de lágrimas?
Yo no lloro de felicidad.
Y menos lloro porque ustedes estén tristes.
Lloro porque soy egoísta, y solo me importo yo. Porque yo soy la que se ha muerto. Y porque me he "muerto" sé que en unos meses a nadie le va a importar que me haya ido. Y el mundo seguirá jodido, el país seguirá jodido, la justicia seguirá muerta, y todos felices y contentitos.
Así de shockeada como estoy, me pongo a escuchar canciones fuertes, que me hagan sentir viva, que me hagan saltar por todo mi cuarto, patear mi cómoda, sobarme el pie porque duele como mierda, tocar mi guitarra de aire, y si estoy escuchando trash metal, hacer el mejor solo del mundo jamás escuchado y con una pésima técnica de tapping. Luego me meto al fb, posteo fotos con letras de canciones y espero likes que nunca llegan, o inbox con "¿Conchito que pasó?" o "Conchito, perdóname por haber cambiado tanto" (Dios, cuanta indirecta)
Cuando todo parace indicar que me voy a hundir en todo ese océano de emociones fuertes y ansiedad, llegan mis salvavidas.
Y son simples cosas.
El simple hecho de ver el nombre de mi mejor amiga en, que por tan solo pensar en ella y en todos los momentos gratos que hemos pasado se me forma un nudo en la garganta y una sonrisa genuina, como en este momento.
El simple hecho de bajar las escaleras y jugar con mis perros.
El simple hecho de escuchar un piano.
El simple hecho de tocar las cuerdas de mi guitarra.
El simple hecho de ver el cielo anaranjado que tanto me gusta.
El simple hecho de subirme a un columpio y mirar el cielo mientras me balanceo.
El simple hecho de imaginar el sonido de olas rompiendo.
El simple hecho vaciar mi llanto en una hoja de papel o en documento de Word.
El simple hecho de respirar hondo.
El simple hecho de vivir.

La tormenta pasa, y me propongo ya no caer tan fácil en ese negativismo.
Sé que volveré a caer, pero me reconforta saber que esos "simples hechos"seguirán allí para calmar la tempestad en mi subconsciente.

Buen fin de semana.

Grenade Heart

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